4 abr 2009

DESPEDIDA DE ALFONSIN-POR SUSANA ROZAS

Toda despedida, especialmente de un personaje de la vida publica y politica, implica un doble discurso de amores y odios encubiertos. Con el fallecimienton del doctor Raúl Alfonsin -presidente de la Republica en los aciagos primeros dias de la instauración democrática-, a casi todos nos traspaso esa dual sensación. En el caso de esta despedida personal de la escritora rosarina Susana Rozas, la idea y el lenguaje que representan esas ideas es uno solo: por eso lo publicamos y además porque compartimos plenamente lo dicho.
Opiniones, como ya saben, por correo electronico a juno1ster@gmail.com



NOS ESCRIBIO:
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Adiós, Alfonso


He venido homenajeando a músicos, cineastas, cuando fue el caso de que partieran; no podía quedarme callado en esta ocasión. ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Por eso de: en mi mesa no se habla de política? como dicen algunos... ¿de qué se habla si no? ¿de dictaduras? Se fue Alfonsín. Para quienes tenemos exactamente 45, y recién terminábamos la secundaria cuando lo votamos, significó una esperanza fresca que jamás volvió a repetirse. Quedó aquel espectacular recuerdo de multitudes caminando por Rosario en aquel cierre de campaña en el Monumento a la Bandera, que sólo había vivido antes cuando Central salió campeón en el '71 por primera vez. Luego vino el juicio a las juntas militares, que nosotros los jóvenes que sentimos nuestro futuro hipotecado por la política económica de Martínez de Hoz (7000 millones de deuda al entrar, 45000 millones de dólares de deuda al irse los milicos; porque hay que tener memoria), con la destrucción del cordón industrial del gran Rosario. Más la degradación del ser humano a través de secuestros que alcanzaron en su mayor parte a trabajadores de la salud, de la educación, del periodismo, del arte.
Y Alfonso arremetió, y fueron juzgados y condenados; pero siguió el apriete, las asonadas, y el primer enojo de nosotros, los jóvenes, que vemos todo más fácil, con más ímpetu, y puteamos cuando las leyes de obediencia debida y punto final. Sin embargo, la maquinaria del estado de derecho, por suerte, seguía en marcha, para que no volviéramos a aquella noche negra que incluyó una guerra perdida de antemano contra los ingleses.
Y Alfonso siguió, contra viento y marea, para que se consolidaran las instituciones democráticas; pero los violentos de siempre, desde la Sociedad Rural, los Capitanes de la Industria, los nostálgicos de los privilegios antipopulares no se rindieron y crearon una nueva modalidad de golpe (porque siempre fueron creativos los muchachos): el golpe de estado económico, que desembocó en saqueos y miseria por doquier.
Y Alfonso dio un paso al costado para darle paso al emperador que se hizo rico en el poder, que vendió todos los recursos del país, indultó a los criminales de lesa humanidad y se rió de todos los jubilados congelando los magros sueldos. Por eso, los jóvenes volvimos a enojarnos cuando el pacto de Olivos. hasta que, con el tiempo llega la hora del balance, y es positivo. Fue positivo que Alfonsín marque un camino. El resto lo tendríamos que poner nosotros.
Y hoy estamos lejos. ¿Los pibes de hoy saben lo qué es ir a un acto político a escuchar a un estadista? A pesar de los errores, Alfonsín podía caminar por la calle con las manos limpias. Fue un militante de raza, por el derecho, por los derechos humanos, por el consenso y la unidad nacional.
Fue un militante. ¿Saben hoy algunos funcionarios qué es la militancia, si son empresarios encaramados en el poder? ¿Saben que la función pública no es para enriquecerse más a costa de los ciudadanos?
Se fue Alfonsín.
En aquella primavera democrática comencé a leer los libros que hacía años no estaban en las vidrieras de las librerías porque estaban prohibidos, sí, aunque los pibes de hoy no lo crean, había gente que se adueñaba del derecho de elegir qué debíamos leer, qué debíamos ver en cine, qué debíamos escuchar en discos o en la radio. Los recitales en las plazas fueron cada vez más multitudinarios, hasta que seguimos andando solos. Ahí nuestra responsabilidad. Andar solos no es fácil, pero es lo más hermoso que nos ofrece un estado de derecho. No lo desaprovechemos. Porque aún queda una deuda pendiente: con la democracia se debe comer, se debe educar, y se debe curar. Que así sea.
Un abrazo a todos.
SUSANA ROZAS
Poeta y escritora residente en Rosario.