12 ene 2010

EL FRACASO DE LA CUMBRE DEL CLIMA - POR AGORA 21



La ecología no es prioridad
para los países desarrollados



Al finalizar la Cumbre del Clima que se realizó en Copenhague, en diciembre pasado, quedó una sensación inequívoca de que el saldo había resultado decepcionante. Cuando se habla de que la propuesta es continuar con las negociaciones, no hay dudas de que los resultados fueron poco significativos. Por ejemplo, los negociadores –entre los que había mandatarios tan importantes como el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama-, establecieron una limitación del calentamiento en 2°C para este siglo, aunque no se especificó cómo lo harán, ni tampoco cuándo. Hacia afuera, hubo un público reconocimiento acerca del acotado compromiso asumido. Casi una burla.
Los representantes de las 193 naciones que se reunieron en Dinamarca y que integraron la Cumbre del Clima, no sólo coincidieron en señalar que el calentamiento del planeta no debe aumentar más de los mencionados 2°C, pero no brindaron ninguna certeza sobre el compromiso asumido. Es decir que quedó flotando en un halo de incertidumbre cuál será el compromiso de reducción de gases, pero sobre todo cuál será la ayuda que se ofrecerá a los países pobres.
En lo referido a cuándo y dónde continuaría la Cumbre, las opiniones fueron disímiles. Se cree posible, por un lado, que las reuniones se reinicien durante enero de este año, algo poco probable, como tampoco lo es que México sea la sede de un nuevo e inmediato encuentro. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, en tanto, fue un poco más realista al sugerir que se realice en Alemania dentro de seis meses.
La reunión de Copenhague se inició con muchas expectativas acerca de la posible "salvación del planeta" de la amenaza climática, aunque justo es reconocer que presentó varios flancos para considerar. Por un lado la disputa entre los Estados Unidos (que es el máximo contaminador histórico) y China, que en la actualidad se ha constituido en principal emisor de gases contaminantes.
El tema en cuestión sigue siendo cuándo y cómo reducir. En tal sentido, las opiniones estuvieron divididas. Para algunos países, la propuesta de reducción de emisiones de los Estados Unidos resultaba muy débil, más allá de que la presencia de Obama parecía indicar un mayor compromiso al asumido hasta ahora por la nación más poderosa del planeta, que prometía bajarlas un 17% de aquí al 2020 (respecto de los valores existentes en 2005).
Las expectativas generales indicaban que con la llegada del nuevo presidente estadounidense se daría por tierra con la política muy poco ecologista que sustentaba Bush. Sin embargo, los hechos no confirman esta suposición y el discurso de Obama en Copenhague dejó bastante que desear. "Mucha declamación y poca acción", dijeron los representantes de los países con mayor compromiso ecológico, como es el caso de los anfitriones daneses.
Respecto a la ayuda a los países no industrializados, EE.UU. había comprometido unos 3600 millones de dólares hasta 2012, para ayudar a adaptarse a las nuevas condiciones climáticas, calentamiento global mediante. Sólo basta recordar que han pasado 12 años desde la firma del Protocolo de Kyoto, que los norteamericanos nunca suscribieron.
Por otro lado, la cumbre le reclamó a China que la reducción de gases que prometieron (del 45% hasta 2020, con relación a 2005), sea auditada por algún organismo de la ONU. Esta circunstancia no coincide totalmente con el pensamiento encabezado a un grupo de países asiáticos, africanos y sudamericanos, entre los que se encuentra la Argentina.
A la ausencia de la Presidente argentina en la Cumbre del Clima, se contrapuso la impronta que dejaron en Copenhague algunos de sus pares sudamericanos, tal el caso de Lula da Silva, que cosechó muchos aplausos por el compromiso brasileño con el cuidado del medio ambiente. Nuestro poderoso vecino llevó a la capital danesa una delegación de más de 800 personas. No es un dato menor, teniendo en cuenta que Brasil es una de las cinco naciones emergentes más contaminantes del planeta, junto con la India, México y justamente China. A Lula se le atribuyó una virtud poco común: haber reflotado una cumbre internacional que tenía sabor a híbrida y que se pudo revitalizar, al menos parcialmente.
El boliviano Evo Morales, en tanto, propuso un referéndum mundial para salvar el clima y le reprochó a Obama que su país no hubiera cumplido con el Protocolo de Kyoto, y también acerca de las modestas pretensiones en cuanto a la reducción de gases.
En concreto, la Cumbre de Copenhague resultó un fracaso, pero al menos ha quedado flotando la necesidad de adoptar decisiones trascendentes antes de que resulte demasiado tarde.

by AGORA 21.